Hipótesis complejas rondan por tu mente, impulsadas quizá por la fuerza de aquella mirada. Esos ojos causan en ti una extrañeza inexplicable, algo impreciso, borroso. Es incómoda, pero reconfortante a la vez. Segundos, minutos, horas... Para ti el tiempo pasa rápido, aunque no más que lo que tardó tu alma en despedirse de tu imagen. Ella sigue allí, quieta, intimidante, con los ojos como dos lunas llenas, brillantes, grandes y tranquilos. Están clavados en los tuyos, asustados, descubiertos, desarmados, inocentes. Sabes que está a unos pocos metros de ti. "¡Vamos, que puedes cogerla!", piensas. Maldito crédulo... Es inalcanzable para tus manos, ya nunca podrás atraparla.