sábado, 23 de abril de 2016

Eres...

Me aventuraría a definirte como un amor dulce pero salado a la vez, congelado pero que abrasa, suave y puede que áspero, apacible y a veces mortal, pero siempre sin punto medio. Quiero deshacerme de ti pronto pero a la vez quiero seguir amándote hasta que mi corazón se apague tras su último latido, hasta que la última gota de sangre que corre por mis venas se derrame y hasta que mi último suspiro se pierda conmigo allá en el firmamento. Puede que a lo mejor no lo entiendas, porque no lo entiendo ni yo, y estaría loca si me atreviera a intentar explicártelo. No sé ni el cuándo ni el cómo, ni siquiera el porqué, pero lo que sí sé es cuánto, y es tanto que aún no se ha descubierto número más grande que el infinito para poder afirmar una cifra exacta.
Eres tan versátil como el mar, unas veces tan manso y otras tan inquieto, testigo de las tormentas, como el Mediterráneo, me arriesgo a decir, allí donde los ojos pueden alcanzar a apreciar la intensa paleta de colores de sus auroras y ocasos y la belleza rebosante de la que goza. A veces desconfiado, otras asombrosamente cándido, con una sonrisa más grande y refulgente que el más bello arco iris. Las aves envidian tu libertad, Vitruvio tu figura, los cometas tu estela, los cuerdos tu cordura, el fuego tu calor y los montes tu envergadura. Etéreo, vivo, índigo, desdibujado y bonancible más que el cielo, indiscutiblemente apolíneo a los ojos de cualquiera, siempre y cuando ese cualquiera seamos yo o tu reflejo. Mis pupilas se inquietan cuando tú, diáfano, te muestras frente a ellas. Eres, eres, eres... Eres de todo hasta incorpóreo para mis manos y mis labios. Sólo cuando el céfiro, valiente, dé toda la vuelta al globo desde mi espalda, arrastrando consigo tus lágrimas y lamentos, y yo lo reciba templado con un tenue gesto en la cara, sabré que podré girarme y mirar atrás, y mirarte, porque habrá sido entonces cuando tú hayas gritado mi nombre con toda la fuerza que tus pulmones y tu garganta hayan podido soportar. Hasta entonces, me limitaré a quedarme sentada y metida en la camisa de once varas que poco a poco me ha ido inmovilizando, en un lugar desierto de mi pensamiento, mirando hacia Poniente, a la espera de tu señal, la misma que sé que nunca oiré sonar.

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¡Hola de nuevo! Desde... Desde el 25 de octubre de 2015. Siento la tardanza, pensé que iba a escribir más. Pero entre una cosa y otra he escrito textos muy rápido y ninguno acababa de convencerme del todo. Aún así, quiero que sepáis que tengo cosas ya escritas que sólo tengo que arreglar y perfeccionar.
¡Ah! Y la buena noticia es: ¡QUE CON ESTE RELATO HE GANADO EL PRIMER PREMIO EN UN CONCURSO DE LITERATURA! Es el concurso literario de mi instituto (IES Cervantes) por el 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, y puse todas mis ganas en él para escribirlo y presentarlo con la esperanza de ganar, y... bueno, así fue. Gané cuatro libros, uno de ellos, cómo no, el Quijote, y una tablet (me quedé boquiabierta, literalmente, hasta yo). La verdad es que estoy muy contenta y no me puedo quejar. Lo cierto es que presenté otro texto aparte de este que también gustó, y lo subiré más adelante. Bueno, lo dejo por aquí. ¡Espero que os guste y hasta la próxima!
Por cierto, ¡feliz Día del Libro!